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La Historia de
"Misión de Esperanza de Bolivia" Mi primer encuentro con Bolivia fue a través de la adopción. Mi esposo y yo adoptamos a tres niños de un orfanato en Santa Cruz. A través de las adopciones conocimos a un joven, Marcelo, y supimos acerca del Hospital de Niños. Marcelo creció en Santa Cruz en una familia muy pobre. Cuando tenía 11 años, tuvo una infección severa en su pierna. Lo llevaron al Hospital de Niños, un hospital para los pobres administrado por el gobierno. Allí le amputaron la pierna porque su madre no tenía el dinero para comprar antibióticos para tratar la infección. Marcelo estuvo en el Hospital de Niños casi dos años, hasta que lo adoptó una familia de Mississippi. Después de tres años, la familia adoptiva cambió de parecer. Llamaron a la agencia de adopción y pidieron que mandaran a Marcelo devuelta a Bolivia. La agencia de adopción nos llamó a nosotros, y Marcelo vino a vivir con nuestra familia en 1995. En 1997, comencé a llevar donaciones de provisiones médicas a Santa Cruz para el Hospital de Niños. El director del hospital me permitió ver las salas de tratamiento, los quirófanos y la sala de recuperación. Me sorprendió lo vacías que estaban estas salas. Los gabinetes de provisiones contenían muy pocas provisiones, y la mayoría de las cosas eran viejas y estaban vencidas. No tenían paquetes de guantes estériles. Las enfermeras tenían que lavar guantes usados y tenían que usarlos varias veces a pesar de que solo deberían ser usados una sola vez. Cuando los guantes se ponían tan finos que se iban a romper, las enfermeras los cortaban en pedazos para usarlos como bandas elásticas porque no tenían bandas elásticas. Cada vez que visitaba el Hospital de Niños me daba cuenta de lo deprimente que era. Estaba sucio, no había dibujos ni cuadros en las paredes, y se necesitaba pintar. En 1998, mi familia y yo, incluyendo a Marcelo, decidimos ir a Santa Cruz por una semana durante Navidad para hacer lo que pudiéramos para arreglar el hospital para los niños. Estábamos de acuerdo que teníamos que pintar seis de los cuartos de los niños, incluyendo una sala muy grande con 16 camas donde todos los niños van después de cirugía. Cuando llegamos en Navidad, fuimos al Hospital de Niños e hicimos una lista de todos los niños. Luego volvimos al hotel y llenamos una bolsa de regalos para cada uno. Cuando estábamos entregando los regalos, una enfermera nos dijo que no fuéramos al cuarto de Gabriela porque se estaba muriendo. Los doctores no tenían mas esperanzas de poder salvarla. Marcelo entró a verla y oró por su sanación. Milagrosamente fue sanada y volvió a su casa unos días después. Para que nosotros podamos pintar, las enfermeras tenían empujar las camas hacia el centro de los cuartos. La mayoría de las veces los niños se quedaron en los cuartos y nos observaron pintar. Cuando mi hija, Katie, y dos amigas estaban pintando unos ositos en la pared de un cuarto, una enfermera entró y le quitó el suero a un bebé. Katie y sus amigas pensaron que el bebé ya estaba mejor y que sería dado de alta. Al poco tiempo, la madre volvió al cuarto llorando. Dijo que le habían quitado el suero a su bebé porque no tenía mas dinero para pagar pero que su bebé continuaba enfermo. En la "sala de quemados", donde se quedan todos los niños que están quemados, me sorprendió aprender que los niños no reciben medicamentos para el dolor si los padres no tienen el dinero para pagarlos. Lo mismo ocurre con los niños que han recibido cirugía. Aparentemente, el hospital está dispuesto a operar pero no provee medicinas para el dolor o antibióticos después de la cirugía. Durante la semana en la cual pintamos el Hospital de Niños, tuve muchas oportunidades para hablar con las enfermeras en privado. Fue muy inquietante aprender que muchas de las donaciones que yo había dado al hospital recientemente habían desaparecido después de que yo había vuelto a los Estados Unidos. También me inquietó aprender que, después de que me fui, a los pacientes les habían cobrado por los medicamentos que yo les había dado. Un día examiné todas las salas del hospital. Muchos de los instrumentos que había donado, incluyendo una máquina de succión y máquinas de Ivac, no estaban allí. Se me hizo claro que todos los esfuerzos de ayudar al hospital no eran efectivos y que los niños no estaban recibiendo mis donaciones. En mayo de 1999, fui a Santa Cruz con mi pastor y otro hombre de nuestra iglesia. Fuimos al Hospital de Niños para visitar a las familias y orar por ellos. Generalmente, los niños tienen a los padres o algún familiar con ellos. Un padre me contó que un pollo le había arrancado un ojo a su hijito. Como vivían en el campo a una hora y media de Santa Cruz, vendieron todo lo que tenían para poder traer al niño al hospital. El niño necesitaba radiografías. Unos días después me encontré con el doctor quien me dijo que, como la familia no tenía dinero para pagar por las radiografías, él no podía hacer la cirugía y que no había nada que pudiera hacer para ayudar a este niño. Cuando fuimos a otro cuarto a orar por un bebé que estaba muy enfermo, la madre nos contó que en el hospital no había leche que el bebé pudiera tomar. El bebé era alérgico a la formula que tenían en el hospital. Ella le había estado dando pecho, pero ahora no tenía mas leche para el bebé o bebida para ella misma. Era domingo por la noche y todas las tiendas de comestibles estaban cerradas. Yo oré por el bebé, y le dije a la madre que volvería por la mañana. A la mañana bien temprano, compré leche para el bebé y jugo para la madre. Cuando llegué al hospital, la madre me saludó con una sonrisa. Me dijo que nuestra oración había sanado completamente al bebé y que se volvían a casa. Unas semanas después me desperté en el medio de la noche. Podía ver la cara de esta madre claramente como si estuviera parada enfrente de mí. Cuando la miré a la cara, me di cuenta que esta madre probablemente no había comido por días y que yo no le había dado nada de comer. Si ella no tenía dinero para la leche para su bebé que estaba enfermo, entonces seguramente no tenía dinero para comprar comida tampoco. Entonces me di cuenta de que probablemente esta situación era verdad para la mayoría de las familias en el hospital que no tenían dinero para comprar medicamentos para los niños que estaban enfermos. Al pensar acerca de todo esto, me llené de tristeza. Sentí que el Señor me estaba diciendo que Él quería que comenzara un hospital cristiano en Santa Cruz, un lugar donde la gente pobre pudiera ir y recibir buen cuidado médico y medicamentos. También sería un lugar donde la gente pobre podría ser alimentada con comida nutritiva y a la vez ser alimentada espiritualmente con la Palabra de Dios. En Julio de 1999, fui con un equipo médico de Kansas a trabajar en Cochabamba, Bolivia. Paramos en Santa Cruz en el camino. Llevé a una amiga que viajaba conmigo al Hospital de Niños para mostrarle lo que habíamos pintado con mi familia la Navidad anterior. Cuando entramos a una de las salas, una madre se nos acercó con una receta para su bebé quien estaba muy enfermo. Nos dijo que no tenía dinero para comprar el medicamento. En camino a la farmacia, nos encontramos con el director del hospital. Insistió en que fuéramos a su oficina. Le dijimos a la madre que nos esperara. El director quería mostrarnos un librito muy lindo describiendo una unidad móvil que iba a ser donada por unos amigos en los Estados Unidos. La donación era en memoria a una niñita que había recibido quemaduras muy graves. La niñita había muerto porque los padres eran pobres y no tenían el dinero para comprar los antibióticos que necesitaba. Dejamos la oficina del director y fuimos con la madre a la farmacia. El medicamento nos costó menos de un dólar. En ese momento pensé en la ironía: el director estaba tan orgulloso de esta donación tan generosa mientras había niños muriéndose en su mismo hospital por falta de un dólar. Para mí, esto fue otra confirmación de la necesidad de un hospital cristiano para servir a la gente pobre. El mismo día, almorcé con la Doctora Ruth Oropeza, una doctora cristiana, que ha vivido y trabajado en Santa Cruz por muchos años. Tiene un corazón muy grande para la gente pobre y a menudo provee tratamiento sin cobrar. Compartí con ella mi visión de comenzar un hospital cristiano en Santa Cruz. Ella se emocionó mucho acerca de la idea y me dijo que esa semana había visto un anuncio en el periódico sobre un hospital en venta. La Doctora Ruth y yo fuimos a ver el hospital. Al verlo, me di cuenta que era perfecto para lo que nosotros queríamos hacer. Está localizado centralmente en la línea autobuses, la forma principal de transporte público. Tiene una estructura sólida y está bien reparado. El doctor que es dueño de este hospital lo vende completamente equipado, incluyendo una ambulancia. Tiene tres pisos. En el primer piso están las oficinas, la sala de emergencia, los quirófanos para emergencias, la sala de radiografías, el laboratorio, y las salas de tratamiento para pacientes que no necesitan internación. En el segundo piso están los quirófanos principales, las salas de terapia intensiva, y los cuartos de internación. En el tercer piso están la cocina y la lavandería. Le dije al dueño que me interesaba mucho comprar este hospital. La Doctora Ruth también me contó una historia que había visto en la televisión sobre un niñito que se había quemado la pierna severamente. En las noticias, pedían donaciones para comprar los antibióticos para este niño. Fuimos al Hospital de Niños para hablar con la madre. Ella nos dijo que necesitaba 6 ampollas de antibióticos inyectables para el lunes, si no le tendrían que amputar la pierna a su hijo. Este niño tenía tres años de edad. Era el sábado por la tarde. Inmediatamente pensé en Marcelo y cuanto había sufrido porque le habían amputado la pierna. Entonces buscamos los antibióticos, los compramos, y se los llevamos a la madre. Antes de irme de Bolivia, volé a la capital, La Paz, y me reuní con el Ministro de Salud Pública y con oficiales del gobierno en la oficina del Vicepresidente de Bolivia. Estaban muy agradecidos por mi deseo de ayudar a los pobres y me dieron su apoyo. Después de mucho pensar y orar, tomé la decisión, en fe, y formé una organización sin fines de lucro y libre de impuestos llamada "Mission of Hope, Bolivia" (Misión de Esperanza de Bolivia). El objetivo de Mission of Hope, Bolivia sería el de recibir donaciones necesitadas para la compra y mantenimiento de un hospital misionero para la gente pobre en Santa Cruz, Bolivia. El Señor proveyó un abogado cristiano quien tramitó todos los papeles para establecer "Mission of Hope, Bolivia" sin cargo. También proveyó un contador quien preparó las solicitudes complicadas del IRS (Internal Revenue Service) sin cargo. El IRS aprobó nuestra solicitud en sólo tres semanas. Ahora "Mission of Hope, Bolivia" es una organización sin fines de lucro 501c3 libre de impuestos. A pesar de que los niños en Santa Cruz fueron la inspiración para este proyecto, mi deseo es ayudar a todos los que lo necesitan. Las historias que he contado no ocurren sólo a los niños o al Hospital de Niños. En mayo de 1999, un hombre llamado Saúl de veinticuatro años de edad, fue atropellado por un coche y llevado al hospital japonés en Santa Cruz. Debido a que su familia era pobre, no recibió tratamiento apropiado. Llegó al hospital con una herida en el cuello, y fracturas en dos vértebras, varias costillas y la cadera. Estuvo acostado en una cama de hospital por tres semanas y media sin tratamiento para estabilizar la columna vertebral. Fue verdaderamente un milagro que no acabó paralizado al poder moverse en la cama sin restricción. Miembros de su familia tomaron turnos quedándose con él por la noche durmiendo en el piso de cemento debajo de su cama. Nosotros lo mudamos a una clínica privada y un especialista realizó una operación muy delicada de nueve horas. Cuando la Doctora Ruth vio las radiografías tomadas el día del accidente, dijo que deberían haberlo operado inmediatamente. En octubre de 1999, un joven llamado Walter y su esposa esperaban su primer bebé. El bebé de término completo murió en el útero y la señora dio a luz. El joven entonces intentó llevar a su esposa a un hospital en Santa Cruz pero no la admitieron porque no tenían dinero. Lo mismo ocurrió cuando fueron a una segunda clínica. Para este momento, la vida de la madre estaba en peligro porque tenía una hemorragia muy severa. Finalmente la admitieron en la tercer clínica y recibió tratamiento. Mi meta es abrir un hospital misionero en Santa Cruz que servirá a la gente pobre de toda edad. Al comenzar esta misión de esperanza, estoy convencida que Dios tiene un plan maravilloso para un hospital cristiano en Santa Cruz. Confío en que Él me continuará guiando cada paso del camino. Mi deseo es que este hospital sea un lugar donde la gente pueda ver el amor de Jesús y que, a través de este ministerio a la gente pobre de Santa Cruz, se glorifique el nombre de Jesús.
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